Entrevistas

La última sesión/Entrevista de Edgard Moreno-Uribe

ULTIMA SESIONEn el hogar de un matrimonio venezolano clase media, donde casi todo es pura apariencia, Eduardo (Jorge Palacios) y Claudia (Emma Rabbe) conviven e intentan ser felices. A pesar de sus problemas cotidianos, de sus “pequeños vicios”, sobreviven hasta el día en que un ex-paciente de Eduardo llega a la casa. Se trata de Jorge (José Manuel Ascensao), jardinero y ex-seminarista, sobreviviente del deslave de Vargas, testigo de toda una tragedia social… y de un secreto personal, que al descubrirse revelara el rostro más íntimo, más desconocido de quien el espectador menos espera.
Así explica, sin mayores detalles, “para no afectar al espectador”, el dramaturgo y director Johnny Gavlovski algunos aspectos de su espectáculo teatral La última sesión, el cual se podrá ver en la Sala Luisela Díaz del Caracas Theater Club a partir del 15 de abril de 2009.
Al psicólogo y dramaturgo Gavlovski la tragedia natural o el deslave del estado Vargas (15 de diciembre de 1999) lo impactó de tal manera que al año siguiente estaba escribiendo su pieza, la cual ahora dirige. “Nace a partir de mi labor en tareas de ayuda a los damnificados tras la tragedia del estado Vargas. Hubo una cantidad de situaciones del comportamiento humano que merecían una explicación y que para mí, en ese momento, como hombre, como psicólogo, no lograba tenerlas. Por ello acudí al teatro, a la escritura, buscando una explicación para lo inexplicable. Hoy en día, cuando veo para atrás, creo que La última sesión fue el inicio de mi retorno al psicoanálisis. Las enseñazas de Jacques Lacan fueron las que me dieron la clave de lo que sucedió con la gente…allá, en Vargas
-¿Qué aborda esta obra?
-Es la historia de una familia, venezolana, clase media, y lo que le ocurre en aquellos tiempos tras el deslave. Pero no solo con el deslave que pasó afuera, sino el de adentro, el deslave en la privacidad de una pareja cuando permiten que un imprevisto entre en sus vidas, alterándolas quizás… para siempre.
Comenta, que La última sesión aborda un problema ético sobre los derechos humanos. Propone una serie de consideraciones sobre lo que es capaz de hacer un hombre cuando los límites se pierden. Para su creación se guió por una frase de Arthur Schopenhauer que siempre lo ha hecho reflexionar: “El hombre es un animal salvaje y terrible, le conocemos tal como ha sido domesticado por aquello que llamamos civilización, pero una vez que desaparecen las cadenas de la ley, dando paso a la anarquía, se presenta como realmente es”.
Ese pensamiento del filósofo alemán, lo vio materializado durante el deslave del estado Vargas, en aquel siniestro diciembre de 1999, cuando sorprendieron a dos hombres violando en un asilo a unos niños con Síndrome de Down. “Eso nunca pude entenderlo. Es el horror en escena. Así nació La última sesión, como un intento de entender esa barbarie. Me inspiré en vivencias personales y en testimonios de supervivientes, para así confrontar al público con situaciones límites de honda reflexión ética. Es un teatro antibarbarie”.
-¿Qué le llevó a escribirla y después a montarla? ¿Por qué dirige sus propias obras?
-La escribí porque el acto de la creación es lo que me mueve y soy un escritor. Es mi vía para ser, para crear. Es la primera vez que la dirijo, nunca antes lo hice, pero ha pasado por las manos de otros directores, como Alirio Zavarce que la montó en Australia. No fue sino hasta que el año pasado, cuando ganó el Premio Actors of the World en Londres, que Moisés Guevara me entusiasmo en presentarla como una lectura dramatizada en el Teatro Trasnocho. Allí me acompañaron los primeros actores Ivonne attas y Jorge Palacios y el incansable artista José Manuel Ascensao. Precisamente, Ascensao quedo tan entusiasmado que movió la maquinaria de producción de la fundación Proscenio y ahora nos disponemos a estrenarla.
-¿Cómo han sido los ensayos? ¿Cómo ha sido el trabajo con los actores?
-Los ensayos han sido extraordinarios. Cuento con tres actores de primera línea: Emma Rabbe, Jorge Palacios y José Manuel Ascensao; ellos me han llevado a replantearme mi manera de enfrentar un texto y dirigirlo; ellos son visceralidad pura y ello ha llevado a que los ensayos sean juego, invención, improvisación, catarsis, organicidad ciento por ciento, para buscar la verdad en la escena.
-¿Qué significado puede tener o tiene esta pieza dentro del contexto del actual teatro venezolano?

-Creo que hay darle al público un espectáculo de texto y actuación pura, hay que llevar teatro y verdad a la escena. Hay que dar algo más allá del espectáculo fácil para la evasión. Y por otra parte, creo que esta obra aporta un grano de arena a la línea del llamado teatro psicológico escrito en y desde este, nuestro país. Creo que todo lo que he mostrado ha sido util. Son 20 piezas, 15 han sido escenificadas y seis fueron galardonadas. El vuelo, Puentes rotos, Concierto para tres silencios, Habitante del fin de los tiempos, Ruido de piedras y La última sesión, han sido premiadas.

Publicado por E.A. Moreno-Uribe

“El teatro siempre es político”/ El Universal

Entrevista por Ángel Gómez // Johnny Gavlovski, dramaturgo

“Si es por buscar calidad artística, me parece correcto (leer obras)… Si es por censurar me parece un craso error”

“La última sesión” está inspirada en hechos reales, recuerda la tragedia de Vargas y un monstruoso caso de pedofilia (Nicola Rocco)
La última sesión, del dramaturgo venezolano Johnny Gavlovski, resultó ganadora del primer concurso de dramaturgia Obras de Teatro del Mundo auspiciado por la compañía de teatro Actors of the World.

Gavlovski, quien también es psicoanalista y psicólogo clínico, tiene unas veinte obras en su haber, innumerables premios y creó el grupo de teatro Arte Atid. El dramaturgo critica no solamente los visos de censura estatal sino la privada, así como el teatro que sólo busca la evasión y a un país que no cuida su memoria y no sabe hacer duelo.

-Si es por buscar calidad artística, me parece correcto que los teatros lean las obras antes de montarlas; si es por censurar ideológicamente, me parece un craso error. Tengo 26 años haciendo teatro y siempre han leído mis obras, me parece justo… No estoy de acuerdo con que en vez de leer las obras se pregunte quién está en el elenco para ver si está apoyado por alguna figura de la televisión. Eso es muy grave… Sé que hay actores de teatro que han sido execrados de la televisión por ser mayores, como Gladys Cáceres… Un importante gerente televisivo dijo: ‘No quiero arrugas en televisión’, así que Gladys no emigró por la política sino porque no conseguía trabajo.

-¿Considera que hay libertad para decir lo que plantean los dramaturgos?

-No puedo responder eso porque no he sido censurado y no conozco en mi entorno directo a nadie que haya sido censurado. Si a Marcos Purroy le censuraron Hollywood Style, quedo preocupado.

-¿Si no hay censura, por qué tanta evasión, risa fácil y mujeres hablando mal de los hombres, en cartelera?

-Creo que hay toda una cuestión comercial. Tiene que ver con la psicología del venezolano, recuerda que en los momentos más críticos, nosotros hacemos un chiste. Freud decía que el chiste es una de las formaciones del inconsciente, aquellas cosas que te generan angustia tú las canalizas con el sueño, la creación artística o el chiste. Por otra parte, la mujer venezolana disfruta mucho de lo que sería el masoquismo femenino. Jac-ques Lacan nos hablaba del goce, que es cuando te sumerges en aquellas situaciones que te producen dolor… La mujer no se da cuenta de que lo que se está haciendo es explotarla desde el dolor, y que van ellas a reírse de sus propias tragedias, que está bien. ¿Pero consiguen alguna alternativa para eso?, o ¿es necesario que le digan, ven ríete de cuán desgraciada eres? Está bien que se haga un momento, pero no que se convierta en una veta comercial.

Decía que el venezolano se ríe de sus desgracias, pero el arte de los 70 y 80 fue rebelde, contestatario, ¿por qué no ocurre ahora?

-Hubo un cambio en la era. Los 70 son los años de la Primavera de Praga y todas las revoluciones estudiantiles, la época de la guerra de Vietnam, de Woodstock, de los hippies; en cambio, ahora estamos en la era hipermoderna. Francois Miterrand (ex presidente de Francia) dijo en los años 80: “Soy el último de los presidentes constitucionales. A partir de ahora las que gobernarán el planeta serán las grandes trasnacionales”. Entonces lo que está en este momento marcando es el discurso capitalista, Lacan lo decía, constantemente estamos entrando en un período donde nada es suficiente, tú te compras una grabadora y ya está obsoleta a la semana siguiente, estamos en el período de lo obsoleto, los comerciales tienen como ideas: “cómo te completo”, “cómo puedes ser un hombre completo”… El discurso capitalista genera objetos de la cultura para completarte… Hoy en día el teatro está inscrito en una maquinaria de producción donde lo que importa es aquello que atraiga público y para eso tienes que meter no a los actores sino a todos los productos de televisión que atraigan público y que vendan.

No todo está perdido -Ahí tu tienes excelentes actores que han salido, la nueva generación, el maravilloso espectáculo que hicieron estos muchachos prácticamente sin nada, Cuentos de guerra para dormir en paz, (Tumbarrancho Teatro), se fueron a Belarús, tuvieron éxito con Lo que Kurt Cobain se llevó, y ¿quién sabe de estos muchachos? La nueva camada de Rajatabla, es extraordinaria. Hay una nueva generación de teatro que de verdad a mí me encantaría dirigir, tienen el espíritu del teatro de los 60, de querer hacer, decir, de plantear un discurso trasgresor.

-¿Debería el teatro ser siempre trasgresor aun en la era hipermoderna?

-No solamente eso, yo creo que en un país tan necesitado de cultura y de educación como el nuestro, el teatro también debería rescatar los grandes textos. Nosotros tenemos un problema que también viene con la hipermodernidad que es que no sabemos hablar, estamos perdiendo el habla… El teatro debe rescatar el bien decir, poder decir el texto, como decía Joyce, que tú puedas abrir la boca y la palabra te entre en ésta, eso es hermoso. Y hay tantos textos, desde los sainetes venezolanos, que son de una riqueza extraordinaria, pasando por el Siglo de Oro Español, tanto que hay del teatro latinoamericano, norteamericano, inglés, ruso, europeo, hace cuánto no se ve en Venezuela un Pirandelo, un Shakespeare, eso es lo que yo creo que hay que rescatar.

-¿Y ese teatro que critica, que denuncia, que cuestiona al poder establecido, no lo echa de menos?

-Es que en ese teatro está la denuncia, y te digo, mis obras: La última sesión es una obra de denuncia, se ha hecho itinerante en los hospitales, denunciando el problema de la autoridad, de la ética profesional; Ruido de piedras es contra los regímenes autoritarios, tomado de los archivos de Amnistía… Yo creo en ese teatro, creo que el teatro siempre es político, porque la palabra de un hombre o mujer que se pare frente a otros para decirles: “No quiero seguir viviendo así”, eso es política y es ética, y van de la mano.

Memoria y duelo -Yoyiana Ahumada me decía: “Somos un país que no sabe hacer duelo”. Ahí tú ves a los estadounidenses cada 11 de septiembre en la Zona 0 con sus flores… ¿Quién se acuerda de los muertos de Vargas? ¿Cuál es el día de luto por ellos? El monumento es una piedra que aplastó a no sé cuántas personas montadas sobre unas cabillas. Venezuela no solamente es un país que no cuida su memoria, sino que no sabe hacer duelo, prefiere reír, y por eso un teatro que hace reír de las propias desgracias para no ver hacia afuera y para que no te duela tu tierra.

Vargas Llosa se refería recientemente a la “civilización del espectáculo” que privilegia la evasión...

-Es la cultura de la evasión, hay gente que sabe más de la Duquesa de Alba que de su propia vida… Venezuela está absolutamente sumergida en ésta. Salir corresponde a cada venezolano que tenga las agallas de sentarse con sus hijos y leerle los cuentos, los costumbristas, la historia venezolana… No considerar que los límites de Caracas son de Gramoven a las torres del Silencio o al Norte, el San Ignacio; al Sur, La Lagunita; y al Este, el Tolón. El caraqueño es una persona sumergida en guetos… ¿Por qué, con tantas cosas extraordinarias? ¿Qué ha pasado con el Camino de los españoles..? Ahí entramos en un tema sociopolítico que es el de la delincuencia, porque es un país donde la vida de un venezolano vale menos que un barril de petróleo, eso sí es grave y la pregunta es ¿quién habla de eso, de la inseguridad, del alto costo de la vida, de la dificultad de conseguir textos y hacerlos accesibles a quienes los necesitan?

Teatro antibarbarie

Edgard Moreno-Uribe

Sus ancestros biológicos provienen de Polonia y Moldavia, pero su idiosincrasia, además de sus vitales cargas afectivas, y su presente son las de un caraqueño, o pastoreño por más señas, desde 1959. “Cuando nací, ya los británicos Beatles estaban cambiando la música pop del mundo, y para mi madre, que vino a Venezuela cuando aún no había cumplido un añito, la mejor vida transcurría entre las esquinas de Dos Pilitas y del Cuartel San Carlos”.
Es Johnny Gavlovski Epelboim, teatrero y psicólogo, trabajador cultural de bajo perfil, pero con suficientes y comprobados méritos como para no pasar desapercibido en ninguna de sus dos profesiones. No obstante, por ahora, prefiere hablar de sus artes escénicas, cuya pasión es una herencia recibida de sus progenitores, ya que recién ha ganado el concurso Obras de Teatro del Mundo, dedicado en su primera edición a Venezuela y auspiciado por la compañía Actors of the World, por su pieza La última sesión. El jurado internacional, instalado en Londres, se enamoró de “su sólida estructura y su ritmo vertiginoso, de su problemática actual y porque es auténticamente venezolana”.
La última sesión aborda un problema ético sobre los derechos humanos. Propone una serie de consideraciones sobre lo que es capaz de hacer un hombre cuando los límites se pierden. Para su creación se guió por una frase de Arthur Schopenhauer que siempre lo ha hecho reflexionar: “El hombre es un animal salvaje y terrible, le conocemos tal como ha sido domesticado por aquello que llamamos civilización, pero una vez que desaparecen las cadenas de la ley, dando paso a la anarquía, se presenta como realmente es”.
Ese pensamiento del filósofo alemán, lo vio materializado durante el deslave del estado Vargas, en aquel siniestro diciembre de 1999, cuando sorprendieron a dos hombres violando en un asilo a unos niños con Síndrome de Down. “Eso nunca pude entenderlo. Es el horror en escena. Así nació La última sesión, como un intento de entender esa barbarie. Me inspiré en vivencias personales y en testimonios de supervivientes, para así confrontar al público con situaciones límites de honda reflexión ética. Ahora mi texto será traducido al inglés y montado en la capital del Reino Unido, durante la temporada de 2009″.
Su contacto con el teatro comenzó desde muy pequeño en el colegio y siempre le llamó la atención toda la parafernalia que hay que poner en marcha para representar una pieza. Sus maestros fueron los mejores: Juan Carlos Gené, Carlos Giménez, Herman Lejter, José Ignacio Cabrujas, Gladys Cáceres, Horacio Peterson e Ibrahim Guerra.
“Ellos siempre estuvieron allí para enseñar, escuchar y darme la guía que necesitaba. He sido muy afortunado de aprender de esos educadores, a quienes siempre agradeceré, porque en estos momentos el teatro es parte del aire que respiro. Es una de mis maneras de sentirme vivo, pero, aclaro, no vivo del teatro. Hasta ahora he escrito 20 piezas, 15 han sido escenificadas y seis fueron galardoneadas. El vuelo, Puentes rotos, Concierto para tres silencios, Habitante del fin de los tiempos, Ruido de piedras y La última sesión, han sido las premiadas”.
No se ha quedado dormido ante el premio en Londres y para eso ya trabaja con los actores Gonzalo Velutini y Oscar Carballo porque montará su texto Hola, tu. “Es todo un reto, será un cambio total con todo lo que he hecho hasta ahora. Estoy muy entusiasmado… y también con otras cosas que vienen por ahí… de las que prefiero hablar después”.
Él, como otros teatreros, está preocupado porque en Venezuela se representan muy pocas obras de sus dramaturgos. Cree que ese delicado problema es consecuencia de la falta de una política de incentivos, por parte del Estado, y porque, hoy en día, en las escuelas de teatro son mínimas las posibilidades de que un joven pueda estudiar dramaturguia. “Hace falta una toma de conciencia por parte de todos nosotros y además hay que proponer y ejecutar proyectos desde nuestros propios grupos o lugares de trabajo”.
Rechaza al teatro sin dramaturgia, ese que carece de una estructura dramática, “porque sería como un cuerpo sin columna vertebral y todo se limitaría a una representación escénica. No puede existir un teatro sin texto, porque hasta el silencio que es una forma de comunicarse, necesita de la estructura dramática. Ahí está el caso de la venezolana directora de teatro y cine Elia Schneider que lo ha demostrado infinidad de veces con sus espectáculos”.
Retroalimentación
Johnny -hijo menor del polaco Arturo Gavloski y la moldava Ina Epelboim- como psicoanalista y psicólogo clínico ha recibido varios galardones internacionales por tan complejas especialidades profesionales. Reconoce que ha logrado conjugar el arte teatral con la ciencia que estudia las conductas humanas, porque así se lo propuso desde un principio. “Haberlo logrado es uno de mis mayores logros, fue siempre una meta de vida. La psicología y el teatro sé retroalimentan. No es una o el otro. Van de la mano. Eso fue lo que siempre quise lograr. Y lo disfruto”.

Fuente: El espectador


Una respuesta to “Entrevistas”

  1. […] En el hogar de un matrimonio venezolano clase media, donde casi todo es pura apariencia, Eduardo (Jorge Palacios) y Claudia (Emma Rabbe) conviven e intentan ser felices. A pesar de sus problemas cotidianos, de sus “pequeños vicios”, sobreviven hasta el día en que un ex-paciente de Eduardo llega a la casa. Se trata de Jorge (José Manuel Ascensao), jardinero y ex-seminarista, sobreviviente del deslave de Vargas, testigo de toda una tragedia social… y de un secreto personal, que al descubrirse revelara el rostro más íntimo, más desconocido de quien el espectador menos espera. Así explica, sin mayores detalles, “para no afectar al espectador”, el dramaturgo y director Johnny Gavlovski algunos aspectos de su espectáculo teatral La última sesión, el cual se podrá ver en la Sala Luisela Díaz del Caracas Theater Club a partir del 15 de abril de 2009. Al psicólogo y dramaturgo Gavlovski la tragedia natural o el deslave del estado Vargas (15 de diciembre de 1999) lo impactó de tal manera que al año siguiente estaba escribiendo su pieza, la cual ahora dirige. “Nace a partir de mi labor en tareas de ayuda a los damnificados tras la tragedia del estado Vargas. Hubo una cantidad de situaciones del comportamiento humano que merecían una explicación y que para mí, en ese momento, como hombre, como psicólogo, no lograba tenerlas. Por ello acudí al teatro, a la escritura, buscando una explicación para lo inexplicable. Hoy en día, cuando veo para atrás, creo que La última sesión fue el inicio de mi retorno al psicoanálisis. Las enseñazas de Jacques Lacan fueron las que me dieron la clave de lo que sucedió con la gente…allá, en Vargas -¿Qué aborda esta obra? -Es la historia de una familia, venezolana, clase media, y lo que le ocurre en aquellos tiempos tras el deslave. Pero no solo con el deslave que pasó afuera, sino el de adentro, el deslave en la privacidad de una pareja cuando permiten que un imprevisto entre en sus vidas, alterándolas quizás… para siempre. Comenta, que La última sesión aborda un problema ético sobre los derechos humanos. Propone una serie de consideraciones sobre lo que es capaz de hacer un hombre cuando los límites se pierden. Para su creación se guió por una frase de Arthur Schopenhauer que siempre lo ha hecho reflexionar: “El hombre es un animal salvaje y terrible, le conocemos tal como ha sido domesticado por aquello que llamamos civilización, pero una vez que desaparecen las cadenas de la ley, dando paso a la anarquía, se presenta como realmente es”. Ese pensamiento del filósofo alemán, lo vio materializado durante el deslave del estado Vargas, en aquel siniestro diciembre de 1999, cuando sorprendieron a dos hombres violando en un asilo a unos niños con Síndrome de Down. “Eso nunca pude entenderlo. Es el horror en escena. Así nació La última sesión, como un intento de entender esa barbarie. Me inspiré en vivencias personales y en testimonios de supervivientes, para así confrontar al público con situaciones límites de honda reflexión ética. Es un teatro antibarbarie”… [Leer más en Entrevistas] […]

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